En una ciudad como Buenos Aires, bastante chata a nivel relieve, los puentes son de las pocas construcciones que habilitan la visión de águila, básicamente porque se despegan del piso y nos invitan a caminar por arriba, en el aire. El puente tiene, además, el don de unir los extremos. En Colegiales hay cuatro, todos atravesados por las vías del tren como agua divisoria entre la parte del barrio que va desde Crámer hasta Álvarez Thomas y la más belgranense que va de Crámer a Cabildo.

El paseo empieza por el puente que limita con Palermo, cuando Ciudad de la Paz nace doble mano y se levanta como una oruga gigantesca desde Dorrego hasta Santos Dumont. Las fuentes virtuales discrepan acerca de su origen: 1917 o 1919. Sí, coinciden en que fue creado para el paso de los tranvías, que se adaptó para autos en los ’60 y que en 2010 una ley lo bautizó Adán Buenosayres, en homenaje a la novela de Marechal. Este puente no ofrece una gran vista para el peatón porque el paso está enrejado y la curva cerrada de las vías se entrevé por los huecos de la malla metálica. La belleza en el Adán Buenosayres la dan las escaleras de cada punta con su aire de otro tiempo y los autos que quedan a la altura de la cintura.

A pocas cuadras de ahí, doblando por la esquina de Jorge Newbery y Ciudad de la Paz, donde está el templo Hare Krishna, asoma el puente Dr. Pedro Bustos. Inaugurado en 1993, es el único de los cuatro puentes que se puede cruzar por las dos manos: en una es una larga rampa perfecta para ancianos, corredores y carritos de bebé, y en la otra se accede por escaleras. La perspectiva de este puente a cielo abierto recuerda a la jaula de los leones del zoológico por su inclinación como de foso. Sin embargo, cuando uno levanta la vista hacia la estación Colegiales (que es donde vamos a ir ahora) el cielo abundante con los rieles recortándose en el horizonte parece salido de un cuadro.

De haber seguido un orden histórico, tendríamos que haber empezado por el puente de la estación de tren Colegiales. Se estrenó en 1898 y hoy solo sirve para unir los andenes porque no se accede más desde la calle. Pararse unos minutos en el medio de este puente techado pero abierto a la vez, y mirar los trenes ir y venir como desde el balcón de un primer piso es una experiencia de lo más recomendable para cualquier momento de ocio. La vista se abre hacia el norte: al costado de las vías, en dirección a Belgrano, el involuntario museo de vagones abandonados intervenidos por grafiteros que se ven mejor todavía desde…

El puente peatonal de Zabala tiene de un lado a Crámer y el Fleming, y del otro a Moldes y la escuela n°16. Podría decirse que este puente une salud y educación. Creado en 1990, supo ser de un color rojo herrumbre hasta hace unos años que lo pintaron en un degradé de verdes que confluyen en un centro amarillo. Se entra por unas rampas caracol, es el más largo de todos, ideal para la contemplación del paisaje, sacar fotos y besar a alguien, desaprovechado por ahora como galería de arte al aire libre. Las canchitas de fútbol, los galpones de chapa del ferrocarril, la garita en el cruce de Virrey Avilés, la visión de los trenes viniendo desde la lejanía…

Cuatro puentes en apenas trece cuadras uniendo tres siglos de historia. Cuatro puentes para cruzar a pie y apreciar las vistas aéreas de Colegiales.

* Ilustración: Paio Zuloaga