En Buenos Aires cuando alguien quiere transmitir que algo está resuelto o se da por descontado, lo que te dice es Olvidate. Cuando se quiere exagerar (o cancherear) sobre algo que uno hizo o hará: olvidate. Si alguien comenta qué bien la pasamos el otro día, olvidate. Esta saludable apelación a la desmemoria, que tiene bastante de “vos despreocupate”, es en la familia imperativa de las frases cotidianas el primo libertino de Cuidate y el sobrino realmente relajado de Relajá.

Olvidate es también un permiso colectivo que nos concedemos para no recordar un tema y tacharlo de la lista mental, claro que sin la garantía del resultado porque al otro se le dice que se olvide, no que uno hará su parte. Como una especie de “ya te escuché, no me lo vuelvas a recordar a cada rato”.

Algo más vago todavía en relación a concretar la cosa es Ponele, hijo mayor del insidioso Ponele onda y de Suponete (o Suponte, en su versión high class). Expresión de probabilidad y deseo, esconde un “en el mejor de los casos” alarmante para quien lo recibe como respuesta. Si Olvidate lo da por hecho, con Ponele queda todo en veremos.

-¿Venís el sábado a la fiesta?
-Olvidate
-¿Traés dos bolsas de Rolito?
-Ponele…