Padelante y Patrás se mantienen por el eje del conejo inagotable con la libertad en blanco. Son los únicos héroes caminando a esta hora a la luz del frío. Van en silencio, tal vez porque ya se dijeron todo lo que había o porque cada uno cavila para sí.

Padelante sabe que lo nuevo viene y arrasa el memotest del recuerdo. Grondoniana y oriental, su filosofía de todo pasa-do. Patrás quisiera, Patrás quisiera que hubiese, Patrás quisiese que hubieran las cosas sido distintas. Esperaba otro desenlace –más acorde, más justo– y se remuerde las muelas en su visión detenida.

–¿Estamos yendo? –pregunta.
–Hacia allá.

Padelante no señala con el dedo en ninguna dirección. ¿Para qué interrumpir la música del paisaje? Y qué curioso, porque en los años resbaladizos que llevan juntos en el camino, cada vez que Patrás avanza, Padelante retrocede. Parejos y a cierta distancia es como mejor se entienden.